jueves, 9 de mayo de 2013

TRES ARTÍCULOS CIENTÍFICOS SOBRE LA TEORÍA SISTÉMICA, LA TEORÍA DE LA COMPLEJIDAD Y EL HOLISMO


EL SIGNIFICADO DE LA TEORIA GENERAL DE LOS SISTEMAS
                                                      Ludwig Von Bertalanffy

La ciencia moderna se caracteriza por la especialización siempre creciente, impuesta por la inmensa cantidad de datos, la complejidad de las técnicas y de las estructuras teóricas dentro de cada campo. De esta manera, la ciencia está escindida en innumerables disciplinas que sin cesar generan subdisciplinas nuevas. En consecuencia, el físico, el biólogo, el psicólogo y el científico social están, por así decirlo, encapsulados en sus universos privados, y es difícil que pasen palabras de uno de estos compartimientos a otro.
A ello, sin embargo, se opone otro notable aspecto. Al repasar la evolución de la ciencia moderna topamos con un fenómeno sorprendente: han surgido problemas y concepciones similares en campos muy distintos, independientemente.
La meta de la física clásica era a fin de cuentas resolver los fenómenos naturales en un juego de unidades elementales gobernadas por leyes “ciegas” de la naturaleza. Esto lo expresaba el ideal del espíritu laplaciano que, a partir de la posición y momento de sus partículas, puede predecir el estado del universo en cualquier momento. Esta visión mecanicista no se alteró -antes bien, se reforzó- cuando en la física las leyes deterministas fueron reemplazadas por leyes estadísticas. De acuerdo con la derivación por Boltzmann del segundo principio de la termodinámica, los acontecimientos físicos se dirigen hacia estados de máxima probabilidad, de suerte que las leyes físicas son esencialmente “leyes del desorden“, fruto de acontecimientos desordenados, estadísticos.
Sin embargo, en contraste con esta visión mecanicista han aparecido en las varias ramas de la física moderna problemas de totalidad, interacción dinámica y organización. Con la relación de Heisenberg y la física cuántica se hizo imposible resolver los fenómenos en acontecimientos locales; surgen problemas de orden y organización, trátese de la estructura de los átomos, la arquitectura de las proteínas o los fenómenos de interacción en termodinámica. Parecidamente la biología, a la luz, mecanicista, veía su meta en la fragmentación de los fenómenos vitales en entidades atómicas y procesos parciales. El organismo vivo era descompuesto en células, sus actividades en procesos fisiológicos y por último fisicoquímicos, el comportamiento en reflejos condicionados y no condicionados, el sustrato de la herencia en genes discretos, y así sucesivamente.
En cambio, la concepción organísmica es básica para la biología moderna. Es necesario estudiar no sólo partes y procesos aislados, sino también resolver los problemas decisivos hallados en la organización y el orden que los unifican, resultantes de la interacción dinámica de partes y que hacen el diferente comportamiento de éstas cuando se estudian aisladas o dentro del todo. Propensiones parecidas se manifestaron en psicología. En tanto que la clásica psicología de la asociación trataba de resolver fenómenos mentales en unidades elementales -átomos psicológicos se diría-, tales, como sensaciones elementales, la psicología de la Gestalt reveló la existencia y la primacía de todos psicológicos que no son sumas de unidades elementales y que están gobernados por leyes dinámicas. Finalmente, en las ciencias sociales el concepto de sociedad como suma de individuos a modo de átomos sociales -el modelo del hombre económico- fue sustituido por la inclinación a considerar la sociedad, la economía, la nación, como un todo superordinado a sus partes. Esto trae consigo los grandes problemas de la economía planeada o la deificación de la nación y el Estado, pero también refleja nuevos modos de pensar.
Este paralelismo de principios cognoscitivos generales en diferentes campos es aun más impresionante cuando se tiene en cuenta que se dieron independientemente, sin que casi nunca interviniera nada de la labor e indagación en campos aparte.
Hay otro aspecto importante de la ciencia moderna. Hasta no hace mucho la ciencia exacta, el corpus de las leyes de la naturaleza, coincidía casi del todo en la física teórica. Pocos intentos de enunciar leyes exactas en terrenos no físicos han merecido reconocimiento.
No obstante, la repercusión y el progreso de las ciencias biológicas, de la conducta y sociales parecerían imponer un ensanchamiento de nuestros esquemas conceptuales a fin de dar cabida a sistemas de leyes en campos donde no es suficiente o posible la aplicación de la física.
Semejante inclinación hacia teorías generalizadas es patente en muchos campos y de diversas maneras. Partiendo de la labor precursora de Lotka y Volterra. p. ej., se ha desarrollado una compleja teoría de la dinámica de las poblaciones, la lucha por la existencia y los equilibrios biológicos. La teoría opera con nociones biológicas tales como individuo, especie, coeficientes de competencia y demás. Un procedimiento parecido se aplica en economía cuantitativa y econometría. Los modelos y familias de ecuaciones aplicadas en esta última se asemejan a los de Lotka o, por decirlo todo, a los de la cinética química, pero el modelo de entidades y fuerzas interactuantes ocupa otro nivel. Por tomar otro ejemplo: los organismos vivos son en el fondo sistemas abiertos, es decir, sistemas que intercambian materia con el medio circundante. La física y la fisicoquímica ordinarias se ocupan de sistemas cerrados y apenas en años recientes ha sido ampliada la teoría para incluir procesos irreversibles, sistemas abiertos y estados de desequilibrio Sin embargo, si deseamos aplicar el modelo de los sistemas abiertos -digamos- a los fenómenos del crecimiento animal, automáticamente llegamos a una generalización de la teoría, referente no ya a unidades físicas sino biológicas. En otras palabras, estamos ante sistemas generalizados. Lo mismo pasa en los campos de la cibernética y la teoría de la información, que han merecido tanto interés en los pasados años.
Así, existen modelos, principios y leyes aplicables a sistemas generalizados o a sus subclases, sin importar su particular género. la naturaleza de sus elementos componentes y las relaciones o “fuerzas” que imperen entre ellos. Parece legítimo pedir una teoría no va de sistemas de clase mas o menos especial, sino de principios universales aplicables a los sistemas en general.
De aquí que adelantemos una nueva a disciplina llamada Teoría general de los sistemas. Su tema es la formulación y derivación de aquellos principios que son válidos para los “sistemas” en general.
El sentido de esta disciplina puede ser circunscrito como sigue. La física se ocupa de sistemas de diferentes niveles de generalidad. Se dilata desde sistemas bastante especiales- como los que aplica el ingeniero a la construcción de un puente o una máquina -hasta leyes especiales de disciplinas físicas como la mecánica o la óptica, y hasta leyes de gran generalidad, como los principios de la termodinámica, aplicables a sistemas de naturaleza intrínsecamente diferente- mecánicos, calóricos, químicos o lo que sean. Nada prescribe que tengamos que desembocar en los sistemas tradicionalmente tratados por la física. Podemos muy bien buscar principios aplicables a sistemas en general, sin importar que sean de naturaleza física, biológica o sociológica.
Si planteamos esto y definimos bien el sistema, hallaremos que existen modelos, principios y leyes que se aplican a sistemas generalizados, sin importar su  particular género, elementos y “fuerzas” participantes.
Consecuencia de la existencia de propiedades generales de sistemas es la aparición de similaridades estructurales o isomorfismos en diferentes campos. Hay correspondencias entre los principios que rigen el comportamiento de entidades que son intrínsecamente muy distintas. Por tomar un ejemplo sencillo, se puede aplicar una ley exponencial de crecimiento a ciertas células bacterianas, a poblaciones de bacterias, de animales o de humanos, y al progreso de la investigación científica medida por el número de publicaciones de genética o de ciencia en general. Las entidades en cuestión, bacterias, animales, gente, libros, etc., son completamente diferentes, y otro tanto ocurre con los mecanismos causales en cuestión. No obstante, la ley matemática es la misma. O tómense los sistemas de ecuaciones que describen la competencia entre especies animales y vegetales en la naturaleza. Se da el caso de que iguales sistemas de ecuaciones se aplican en ciertos campos de la fisicoquímica y de la economía. Esta correspondencia se debe a que las entidades consideradas pueden verse, en ciertos aspectos, como “sistemas”, o sea complejos de elementos en interacción. Que ¡os campos mencionados, y otros mas, se ocupen de “sistemas”, es cosa que acarrea correspondencia entre principios generales y hasta entre leyes especiales, cuando se corresponden las condiciones en los fenómenos considerados.
Conceptos, modelos y leves parecidos surgen tina y otra vez en campos muy diversos, independientemente y fundándose en hechos del todo distintos. En muchas ocasiones fueron descubiertos principios idénticos, porque quienes trabajan en un territorio no se percataban de que la estructura teórica requerida estaba ya muy adelantada en algún otro campo. La teoría general de los sistemas contará mucho en el afán de evitar esa inútil repetición de esfuerzos.
También aparecen isomorfismos de sistemas en problemas recalcitrantes al análisis cuantitativo pero, con todo, de gran interés intrínseco. Hay, p. ej., isomorfismos entre sistemas biológicos y “epiorganismos” (Gerard), como las comunidades animales y las sociedades humanas. ¿Qué principios son comunes a los varios niveles de organización y pueden, así, ser trasladados de un nivel a otro y cuáles son específicos, de suerte que su traslado conduzca a falacias peligrosas? ¿Pueden las sociedades y civilizaciones ser consideradas como sistemas?.
Se diría, entonces, que una teoría general de los sistemas seria un instrumento útil al dar, por una parte, modelos utilizables y trasferibles entre diferentes campos y evitar, por otra, vagas analogías que a menudo han perjudicado el progreso en dichos campos.
Hay, sin embargo, otro aspecto aun más importante de la teoría general de los sistemas. Puede parafrasearse mediante una feliz formulación debida al bien conocido matemático y fundador de la teoría de la información. Warren Weaver. La física clásica, dijo éste, tuvo gran éxito al desarrollar la teoría de la complejidad no organizada. Por ej.,el comportamiento de un gas es el resultado de los movimientos desorganizados, e imposibles de seguir aisladamente, de innumerables moléculas en conjunto, lo rigen las leyes de la termodinámica. La teoría de la complejidad no organizada se arraiga a fin de cuentas en las leyes del azar y la probabilidad y en la segunda ley de la termodinámica.
En contraste, hoy el problema fundamental es el de la complejidad organizada. Conceptos como los de organización, totalidad, directividad, teleología y diferenciación, son ajenos a la física habitual. Sin embargo, asoman a cada paso en las ciencias biológicas, del comportamiento y sociales, y son de veras indispensables para vérselas con organismos vivientes o grupos sociales. De esta manera, un problema fundamental planteado a la ciencia moderna es el de una teoría general de la organización: La teoría general de los sistemas es capaz en principio de dar definiciones exactas de semejantes conceptos y, en casos apropiados, de someterlos a análisis cuantitativo.
Hemos indicado brevemente el sentido de la teoría general de los sistemas, y ayudará a evitar malos entendidos señalar ahora lo que no es. Se ha objetado que la teoría de los sistemas no quiere decir nada más que el hecho trivial de que matemáticas de alguna clase son aplicables a diferentes clases de problemas. Por ej., la ley del crecimiento exponencial es aplicable a muy diferentes fenómenos, desde la desintegración radiactiva hasta la extinción de poblaciones humanas con insuficiente reproducción. Así es, sin embargo, porque la fórmula es una de las más sencillas ecuaciones diferenciales y por ello se puede aplicar a cosas muy diferentes. O sea que si se presentan las llamadas leyes isomorfas del crecimiento en muy diversos procesos, no es esto más significativo que el hecho de que la aritmética elemental sea aplicable a todos los objetos contables, que 2 y 2 sean 4, sin importar que se trate de manzanas, átomos o galaxias.
La respuesta es la siguiente. No sólo en el ejemplo citado como simple ilustración, sino en el desenvolvimiento de la teoría de los sistemas, la cuestión no es [a aplicación de expresiones matemáticas bien conocidas. Antes bien, son planteados problemas novedosos y que en parte parecen lejos de estar resueltos. Según mencionamos, el método de la ciencia clásica era de lo más apropiado para fenómenos que pueden descomponerse en cadenas causales aisladas o que son consecuencia estadística de un número “infinito” de procesos aleatorios, como pasa con la mecánica estadística, el segundo principio de la termodinámica y todas las leyes que de él emanan. Sin embargo, los modos clásicos de pensamiento fracasan en el caso de la interacción
Metas de la teoría general de los sistemas.
Tales consideraciones se resumen así.
En varias disciplinas de la ciencia moderna han ido surgiendo concepciones y puntos de vista generales semejantes. En tanto que antes la ciencia trataba de explicar los fenómenos observables reduciéndolos al juego de unidades elementales investigables independientemente una de otra, en la ciencia contemporánea aparecen actitudes que se ocupan de lo que un tanto vagamente se llama “totalidad”, es decir, problemas de organización, fenómenos no descomponibles en acontecimientos locales, interacciones dinámicas manifiestas en la diferencia de conducta de partes aisladas o en una configuración superior, etc.; en una palabra, “sistemas” de varios órdenes, no comprensibles por investigación de sus respectivas partes aisladas. Concepciones y problemas de tal naturaleza han aparecido en todas las ramas de la ciencia, sin importar que el objeto de estudio sean cosas inanimadas, organismos vivientes o fenómenos sociales. Esta correspondencia es más llamativa en vista de que cada ciencia siguió su curso independiente, casi sin contacto con las demás y basándose todas en hechos diferentes y filosofías contradictorias. Esto indica un cambio general en la actitud y las concepciones científicas.
No sólo se parecen aspectos y puntos de vista generales en diferentes ciencias; con frecuencia hallamos leyes formalmente idénticas o isomorfas en diferentes campos. En muchos casos, leyes isomorfas valen para determinadas clases o subclases de “sistemas”, sin importar la naturaleza de las entidades envueltas. Parece que existen leyes generales de sistemas aplicables a cualquier sistema de determinado tipo, sin importar las propiedades particulares del sistema ni de los elementos participantes.
Estas consideraciones conducen a proponer una nueva disciplina científica, que llamamos teoría general de los sistemas. Su tema es la formulación de principios válidos para “sistemas” en general, sea cual fuere la naturaleza de sus elementos componentes y las relaciones o “fuerzas” reinantes entre ellos.
De esta suerte, la teoría general de los sistemas es una ciencia general de la “totalidad”, concepto tenido hasta hace poco por vago, nebuloso y semimetafísico.




EL MÁS ALLA DE LAS DISCIPLINAS: EDGAR MORIN

Estos ejemplos, rápidos, fragmentarios, recortados, dispersos, quieren insistir sobre la sorprendente variedad de las circunstancias que hacen progresar las ciencias rompiendo el aislamiento por la circulación de los conceptos o de los esquemas cognitivos, sea por las usurpaciones y las interferencias, sea por las complejizaciones de disciplinas en campos poli competentes, sea por la emergencia de nuevos esquemas cognitivos y de nuevas hipótesis explicativas, sea, en fin, por la constitución de concepciones organizativas que permiten articular los dominios disciplinarios en un sistema teórico común.
Hoy, hace falta tomar conciencia de este aspecto que es el menos esclarecido en la historia oficial de las ciencias y que es un poco como la cara oscura de la luna.
Las disciplinas están plenamente justificadas intelectualmente a condición de que ellas guarden un campo de vision que reconozca y conciba la existencia de las relaciones y solidaridades. Más aun, ellas no están plenamente justificadas a menos que ellas no oculten las realidades globales. Por ejemplo, la nocion de hombre se encuentra fragmentada entre diferentes disciplinas biológicas y todas las disciplinas de las ciencias humanas: el psiquismo esta estudiado de un costado, el cerebro de otro, el organismo de un tercero, los genes, la cultura, etc. se trata efectivamente de aspectos multiples de una realidad compleja, pero que no toman sentido si no son religados a esta realidad en lugar de ignorarla. Uno no puede, ciertamente, crear una ciencia unitaria del hombre, que en si disolvería la multiplicidad compleja de lo que es humano. Lo importante es no olvidarse de que el hombre existe y no es una ilusion naif de humanistas pre científicos. Se llegaría si no a un absurdo (en realidad ya hemos llegado allí en ciertos sectores de las ciencias humanas donde la inexistencia del hombre ha sido decretada puesto que este bípedo no entra en las categorías disciplinarias).
Otra consciencia, aquella a la cual Piaget llamaba el círculo de las ciencias que establece la interdependencia de las ciencias, es igualmente necesaria. Las ciencias humanas tratan del hombre, pero este es no solamente un ser psíquico y cultural, sino también un ser biológico, y las ciencias humanas están de cierta manera enraizadas en las ciencias biológicas, las cuales están enraizadas en las ciencias físicas, ninguna de ellas, evidentemente, reductibles la una a la otra. Sin embargo, las ciencias físicas no son el pedestal último y primitivo sobre el que se edifican todas las otras; estas ciencias físicas, por fundamentales que sean, son también ciencias humanas en el sentido que aparecen dentro de una historia humana y de una sociedad humana. La elaboración del concepto de energía es inseparable de la tecnificación e industrialización de las sociedades occidentales en el siglo XIX. Por lo cual, en un sentido, todo es físico, pero al mismo tiempo, todo es humano. El gran problema es, entonces, encontrar la difícil vía de la entre articulación entre las ciencias que tienen cada una, no solo su propio lenguaje, sino conceptos fundamentales que no pueden pasar de una lengua a la otra.
El problema del paradigma:
En fin, se debe ser consciente del "Problema del Paradigma". Un paradigma rige sobre los espiritus porque instituye los conceptos soberanos y su relación lógica (disyunción, conjunción, implicación, etc.) que gobiernan de un modo oculto las concepciones y las teorías científicas se efectúan bajo su imperio. Por lo tanto, hoy emerge, de un modo esparcido, un paradigma cognitivo que comienza a poder establecer los puentes entre las ciencias y las disciplinas no comunicantes.
En efecto, el reino del Paradigma del Orden por exclusión del desorden (que expresaba la concepción determinista-mecanicista del Universo) se ha fisurado en muchos lugares. En diferentes áreas, la nocion de orden y la nocion de desorden apremiadamente, a pesar de las dificultades lógicas que ello plantea, a ser concebidas de forma complementaria y no más solamente antagonista: la relación ha aparecido sobre el plano teórico en Von Neuman (teoría de autómatas
auto-reproductores) y von Forster; ellas se han impuesto en la
termodinámica de Prigogine mostrando que los fenómenos de organización aparecen en condiciones de turbulencia; ella se implanta bajo el nombre de caos en meteorología, y la idea de caos organizador ha devenido físicamente central al partir de los trabajos de David Ruelle. Así, de diferentes horizontes, llega la idea de que orden, desorden y organización deben ser pensados juntos. La mision de la ciencia no es más el perseguir el desorden de sus teorías, sino de tratarlas. No se trata más de disolver la idea de organización, sino de concebirla e introducirla para federar las disciplinas parcelarias. He aquí por que un nuevo paradigma esta, puede estar, en tren de nacer...
La perestroika científica: Volvamos sobre los términos de interdisciplinariedad, de multi o polidisciplinariedad y de transdisciplinariedad que no han sido definidos porque son polisémicos y etéreos. Por ejemplo, la interdisciplinariedad puede significar pura y simplemente que diferentes disciplinas se sientan en una misma mesa, en una misma asamblea, como las diferentes naciones se reúnen en la
ONU sin poder hacer otra cosa que afirmar cada una sus propios derechos nacionales y sus propias soberanías en relación a las usurpaciones del vecino.
Pero interdisciplinariedad puede también querer decir intercambio y cooperación, lo que hace que la interdisciplinariedad puede devenir en alguna cosa organica. La polidisciplinariedad constituye una asociación de disciplinas en virtud de un proyecto o mientras que las disciplinas son llamadas como técnicas especializadas para resolver tal o cual problema, en otros momentos, por el contrario, están en profunda interacción para tratar de concebir este objeto y este proyecto, como en el ejemplo de la hominización. En lo que concierne a la transdisciplinariedad, se trata a menudo de esquemas cognitivos que pueden atravesar las disciplinas, a veces con una virulencia tal que las coloca en dificultades. De hecho, son complejas cuestiones de inter, de poli, y de transdisciplinariedad que han operado y han jugado un rol fecundo en la historia de las ciencias; se debe retener las nociones claras que están implicadas en ellas, es decir, la cooperación, y mejor, articulación, objeto común y mejor, proyecto común.
En fin, no es solo la idea de inter y de transdisciplinariedad lo que es
Importante .Debemos "ecologizar" las disciplinas, es decir, tomar en cuenta todo lo que es contextual comprendiendo las condiciones culturales y sociales, es decir, ver en qué medio ellas nacen, plantean el problema, se esclerosan, se metamorfosean. Es necesario también lo meta disciplinario, el término "meta" significando superar y conservar. No se puede quebrar aquello que ha sido creado por las disciplinas; no se pude quebrar todo encierro, hay en ello el problema de la disciplina, el problema de la ciencia como el problema de la vida: es necesario que una disciplina sea a la vez abierta y cerrada.
En conclusión, para que servirían todos los saberes parcelarios sino para ser confrontados para formar una configuración respondiendo a nuestras demandas, a nuestras necesidades y a nuestros interrogantes cognitivos.
Hace falta pensar también que aquello que esta mas allá de la disciplina es necesario para la disciplina, para que finalmente esterilizada, lo que nos reenvía a un imperativo cognitivo formulado ya hace tres siglos por Blaise Pascal, justificando las disciplinas mientras tenía un punto de vista meta disciplinario: "siendo todas las cosas causadas y causantes, ayudadas y ayudantes, mediatas e inmediatas, y todas entreteniéndose por un lazo natural e insensible que liga las más lejanas y las más diferentes, yo considero imposible conocer las partes sin conocer el todo, tanto como conocer el todo sin conocer particularmente las partes".
Pascal invitaba, de cierto modo, a un conocimiento en movimiento, a un conocimiento en una nave que progresa yendo de las partes al todo y del todo a las partes lo que es nuestra ambición común.














CONCEPTOS FUNDAMENTALES DE LA TEORÍA HOLÍSTICA
JAN SMUTS

Para Smuts a pesar de los grandes avances registrados en la ciencia, todavía algunos vacíos teóricos permanecían: Los fenómenos que afectaban a la materia, a la vida y a la mente, lograban que estos permanecieran como hechos dispares y separados. Sin embargo tenían en común que todos ellos procedían de la experiencia. Sostiene que conceptos reformados de todos ellos se hacían necesarios, y esa re categorización puede venir vía de un conocimiento científico perfeccionado.
Toma a la teoría de la evolución como un hecho: el surgimiento de estructuras de vida inorgánicas y su tránsito hacia la vida orgánica no significo un cambio en nuestra concepción de la materia. Considera necesario entonces un reajuste de nuestros conceptos. Para él, la persistencia de los conceptos de “causalidad” y el “mecanicismo”, actúa como una traba en una reformulación de estos para adecuarlos a las nuevas realidades. El error de base es limitar y encapsular los conceptos en contornos determinados, los cuales terminan limitando y borrando los campos contiguos y sin fronteras que posee la realidad. El concepto de un campo específico de conocimiento elimina o tapa las interconexiones del universo holístico. La abstracción y la generalización son errores que no nos permiten ver a la plástica y fluida realidad de la naturaleza.
 La ciencia y el pensamiento tienden así a simplificar sus problemas, mas este procedimiento se revela totalmente inadecuado. Debemos por lo tanto resignificar nuestras ideas, conectando estos conceptos o categorías para poder conceptualizar a la naturaleza como un gran proceso único de índole fluida  y sin divisiones. La teoría de la evolución de Darwin fue como una revolución copernicana, un nuevo punto de vista desde el cual vastos campos  de conocimiento biológico ya existentes, operarían nuevos alineamientos que servirían para ilustrar un nuevo gran principio. De forma similar, la teoría de Einstein sobre la relatividad general en el universo físico, es un nuevo punto de vista desde el cual, el universo entero y todos sus mecanismos adquieren una nueva perspectiva y significación.
Afirma que nuestro objetivo es estudiar e interpretar a la naturaleza, tratando de ser fieles o leales a la experiencia que tenemos de ella. No se pretende recrear a la naturaleza a nuestra imagen, y en la medida de lo posible es deseable eliminar los errores de observación y construcción que se deben al hombre como observador. Nuestra experiencia en mayormente fluida y plástica, con poco de rígida y mucho de indefinida acerca de ella misma. Se debe resistir la tentación de vaciar esta plasticidad en los moldes de nuestras estrechas y endurecidas pre concepciones. Incluso, corriendo el riesgo de fallar en nuestras explicaciones sobre la experiencia, debemos ser leales y modestos en el manejo de esa experiencia.
 Los conceptos reformados de Espacio y de Tiempo: no solo es en el campo de la evolución donde los viejos conceptos estaban quebrándose. Afirmaba que los recientes avances en la ciencia física habían extendido la revolución al dominio de lo inorgánico; la fixidad del átomo siguió a la de las especies hacia el limbo de lo obsoleto. Eran necesarios nuevos conceptos orientados hacia nuevas direcciones, que posean más armonía con el fluido proceso de creación de la naturaleza.
 La mutua interacción que  se observa entre la materia, la vida y la mente, llevan a preguntarse si detrás de todas ellas no se halla un principio fundamental del cual derivaron progresivamente. Este era para él, el problema central de este trabajo. Sostiene que dos concepciones de “génesis” o desarrollo han prevalecido. La primera hace referencia a toda realidad como dada en forma de substancia en un comienzo, y que toda su historia subsecuente es solo la evolución de un contenido implícito preestablecido. Aquí nombra como ejemplos a las concepciones de Leibniz y de Hegel.
La otra postura deposita un mínimo de potencialidad solo al comienzo, y conceptúa a la evolución como un proceso inherentemente creativo. Así de esta creatividad van emergiendo nuevas formas novedosas de vidas. Esta última visión es la que domina en la teoría de la evolución en la actualidad, ya que libera al presente y al futuro de las ataduras del pasado, y muestra el carácter libre del universo. Las totalidades no son meras construcciones artificiales del pensamiento; apuntan a algo real en el universo, siendo el holismo un factor operativo de esa realidad. La idea de un “todo” o de totalidades no debe ser confinada al dominio de la biología; se aplica tanto al campo de lo inorgánico como a las más altas manifestaciones del espíritu humano.
 El holismo es un proceso creativo, y sus estructuras finales tienen un carácter aun más holístico que las iniciales. Las etapas en las cuales el holismo se expresa y crea nuevas totalidades en las fases progresivas de la realidad, pueden enumerarse provisionalmente como:
a) La estructura material definitiva o síntesis de partes en los organismos naturales, pero con ninguna actividad interna observable, salvo las meras fuerzas físicas o químicas o energías: por ejemplo un compuesto químico.
b) La estructura funcional de los cuerpos vivos, donde las partes de esta síntesis específica se convierten en activamente cooperativas y trabajan conjuntamente para el funcionamiento del organismo: una planta.
c) Esta actividad cooperativa específica se vuelve coordinada o regulada por algún tipo de control central, el cual se encuentra todavía implícito de manera inconsciente: un animal.
d) Este control central se vuelve consciente y culmina en la personalidad, al tiempo que emerge en compuestos holísticos o grupos en la sociedad.
e) En las asociaciones humanas este control central se convierte en supraindividual: el estado y organizaciones similares.
F) Finalmente emergen aquí las “totalidades ideales” o “ideales holísticos” (valores absolutos), ya liberados de la personalidad humana y operando como factores creativos en la construcción de un mundo espiritual.
A través de estos estadios, vemos a la naturaleza dependiente de un “todo”, como una estructura sintética especifica de partes con actividades inherentes propias, que cooperan y funcionan en armonía, ya sea de forma natural o instintiva, o de forma consciente.
 El concepto de holismo debe igualmente ser usado para explicar la coordinación orgánica. Es imposible sin este concepto, explicar satisfactoriamente todas las innumerables coordinaciones y adaptaciones en las estructuras y las funciones que constituyen la acción de un organismo vivo. Los animales o seres vivos actúan como una totalidad, con una efectividad y unidad de acción que no es una composición meramente mecánica de sus movimientos. El holismo, no solo como concepto, sino también como un factor real, es necesario para dar cuenta de la unidad entre lo psíquico y lo físico. La belleza (simetría) en la naturaleza es de carácter holístico, deriva de las totalidades, y no puede explicarse por ningún otro motivo.
 El holismo cuenta por lo tanto no solo como explicación del origen de las formas y de los tipos de vida, sino también por sus valores, los cuales superan y trasciendan lejos a los instintos de supervivencia, los cuales son meramente necesarios únicamente para los propósitos utilitarios de la naturaleza.
 La mente como un órgano de totalidades:
La mente es después del átomo y de la célula, la tercera gran estructura fundamental del holismo. No es ella un “todo” real trascendente, sino una estructura holística, un órgano de funcionamiento holístico, especialmente en lo que se refiere a la personalidad, la cual emerge como un todo real. La psicología trata a la mente humana y a la de los mamíferos superiores como un factor o un fenómeno en si misma, y la analiza a través de sus varios modos de actividad, como ser la consciencia, la atención, los sentimientos, las emociones, etc. Aquí, sin embargo, Smuts trata a la mente desde un ángulo diferente: como una estructura holística. Tiene ella una naturaleza más vasta y realiza funciones más fundamentales en el orden del universo que las descritas por la psicología.

No hay comentarios:

Publicar un comentario