EL SIGNIFICADO DE LA TEORIA GENERAL DE LOS SISTEMAS
Ludwig Von Bertalanffy
La ciencia moderna se caracteriza por la especialización
siempre creciente, impuesta por la inmensa cantidad de datos, la complejidad de
las técnicas y de las estructuras teóricas dentro de cada campo. De esta
manera, la ciencia está escindida en innumerables disciplinas que sin cesar
generan subdisciplinas nuevas. En consecuencia, el físico, el biólogo, el
psicólogo y el científico social están, por así decirlo, encapsulados en sus
universos privados, y es difícil que pasen palabras de uno de estos
compartimientos a otro.
A ello, sin embargo, se opone otro notable aspecto. Al
repasar la evolución de la ciencia moderna topamos con un fenómeno
sorprendente: han surgido problemas y concepciones similares en campos muy
distintos, independientemente.
La meta de la física clásica era a fin de cuentas
resolver los fenómenos naturales en un juego de unidades elementales gobernadas
por leyes “ciegas” de la naturaleza. Esto lo expresaba el ideal del espíritu
laplaciano que, a partir de la posición y momento de sus partículas, puede
predecir el estado del universo en cualquier momento. Esta visión mecanicista
no se alteró -antes bien, se reforzó- cuando en la física las leyes
deterministas fueron reemplazadas por leyes estadísticas. De acuerdo con la
derivación por Boltzmann del segundo principio de la termodinámica, los
acontecimientos físicos se dirigen hacia estados de máxima probabilidad, de
suerte que las leyes físicas son esencialmente “leyes del desorden“, fruto de
acontecimientos desordenados, estadísticos.
Sin embargo, en contraste con esta visión mecanicista han
aparecido en las varias ramas de la física moderna problemas de totalidad,
interacción dinámica y organización. Con la relación de Heisenberg y la física
cuántica se hizo imposible resolver los fenómenos en acontecimientos locales;
surgen problemas de orden y organización, trátese de la estructura de los
átomos, la arquitectura de las proteínas o los fenómenos de interacción en
termodinámica. Parecidamente la biología, a la luz, mecanicista, veía su meta
en la fragmentación de los fenómenos vitales en entidades atómicas y procesos
parciales. El organismo vivo era descompuesto en células, sus actividades en procesos
fisiológicos y por último fisicoquímicos, el comportamiento en reflejos
condicionados y no condicionados, el sustrato de la herencia en genes
discretos, y así sucesivamente.
En cambio, la concepción organísmica es básica para la
biología moderna. Es necesario estudiar no sólo partes y procesos aislados,
sino también resolver los problemas decisivos hallados en la organización y el
orden que los unifican, resultantes de la interacción dinámica de partes y que
hacen el diferente comportamiento de éstas cuando se estudian aisladas o dentro
del todo. Propensiones parecidas se manifestaron en psicología. En tanto que la
clásica psicología de la asociación trataba de resolver fenómenos mentales en
unidades elementales -átomos psicológicos se diría-, tales, como sensaciones
elementales, la psicología de la Gestalt reveló la existencia y la
primacía de todos psicológicos que no son sumas de unidades elementales y que
están gobernados por leyes dinámicas. Finalmente, en las ciencias sociales el
concepto de sociedad como suma de individuos a modo de átomos sociales -el
modelo del hombre económico- fue sustituido por la inclinación a considerar la
sociedad, la economía, la nación, como un todo superordinado a sus partes. Esto
trae consigo los grandes problemas de la economía planeada o la deificación de
la nación y el Estado, pero también refleja nuevos modos de pensar.
Este paralelismo de principios cognoscitivos generales en
diferentes campos es aun más impresionante cuando se tiene en cuenta que se
dieron independientemente, sin que casi nunca interviniera nada de la labor e
indagación en campos aparte.
Hay otro aspecto importante de la ciencia moderna. Hasta
no hace mucho la ciencia exacta, el corpus de las leyes de la
naturaleza, coincidía casi del todo en la física teórica. Pocos intentos de
enunciar leyes exactas en terrenos no físicos han merecido reconocimiento.
No obstante, la repercusión y el progreso de las ciencias
biológicas, de la conducta y sociales parecerían imponer un ensanchamiento de
nuestros esquemas conceptuales a fin de dar cabida a sistemas de leyes en
campos donde no es suficiente o posible la aplicación de la física.
Semejante inclinación hacia teorías generalizadas es
patente en muchos campos y de diversas maneras. Partiendo de la labor precursora
de Lotka y Volterra. p. ej., se ha desarrollado una compleja teoría de la
dinámica de las poblaciones, la lucha por la existencia y los equilibrios
biológicos. La teoría opera con nociones biológicas tales como individuo,
especie, coeficientes de competencia y demás. Un procedimiento parecido se
aplica en economía cuantitativa y econometría. Los modelos y familias de
ecuaciones aplicadas en esta última se asemejan a los de Lotka o, por decirlo
todo, a los de la cinética química, pero el modelo de entidades y fuerzas
interactuantes ocupa otro nivel. Por tomar otro ejemplo: los organismos vivos
son en el fondo sistemas abiertos, es decir, sistemas que intercambian materia
con el medio circundante. La física y la fisicoquímica ordinarias se ocupan de
sistemas cerrados y apenas en años recientes ha sido ampliada la teoría para
incluir procesos irreversibles, sistemas abiertos y estados de desequilibrio
Sin embargo, si deseamos aplicar el modelo de los sistemas abiertos -digamos- a
los fenómenos del crecimiento animal, automáticamente llegamos a una
generalización de la teoría, referente no ya a unidades físicas sino
biológicas. En otras palabras, estamos ante sistemas generalizados. Lo mismo
pasa en los campos de la cibernética y la teoría de la información, que han
merecido tanto interés en los pasados años.
Así, existen modelos, principios y leyes aplicables a
sistemas generalizados o a sus subclases, sin importar su particular género. la
naturaleza de sus elementos componentes y las relaciones o “fuerzas” que
imperen entre ellos. Parece legítimo pedir una teoría no va de sistemas de
clase mas o menos especial, sino de principios universales aplicables a los
sistemas en general.
De aquí que adelantemos una nueva a disciplina llamada Teoría
general de los sistemas. Su tema es la formulación y derivación de aquellos
principios que son válidos para los “sistemas” en general.
El sentido de esta disciplina puede ser circunscrito como
sigue. La física se ocupa de sistemas de diferentes niveles de generalidad. Se
dilata desde sistemas bastante especiales- como los que aplica el ingeniero a
la construcción de un puente o una máquina -hasta leyes especiales de
disciplinas físicas como la mecánica o la óptica, y hasta leyes de gran
generalidad, como los principios de la termodinámica, aplicables a sistemas de
naturaleza intrínsecamente diferente- mecánicos, calóricos, químicos o lo que
sean. Nada prescribe que tengamos que desembocar en los sistemas
tradicionalmente tratados por la física. Podemos muy bien buscar principios
aplicables a sistemas en general, sin importar que sean de naturaleza física,
biológica o sociológica.
Si planteamos esto y definimos bien el sistema,
hallaremos que existen modelos, principios y leyes que se aplican a sistemas
generalizados, sin importar su
particular género, elementos y “fuerzas” participantes.
Consecuencia de la existencia de propiedades generales de
sistemas es la aparición de similaridades estructurales o isomorfismos en
diferentes campos. Hay correspondencias entre los principios que rigen el
comportamiento de entidades que son intrínsecamente muy distintas. Por tomar un
ejemplo sencillo, se puede aplicar una ley exponencial de crecimiento a ciertas
células bacterianas, a poblaciones de bacterias, de animales o de humanos, y al
progreso de la investigación científica medida por el número de publicaciones
de genética o de ciencia en general. Las entidades en cuestión, bacterias,
animales, gente, libros, etc., son completamente diferentes, y otro tanto
ocurre con los mecanismos causales en cuestión. No obstante, la ley matemática
es la misma. O tómense los sistemas de ecuaciones que describen la competencia
entre especies animales y vegetales en la naturaleza. Se da el caso de que
iguales sistemas de ecuaciones se aplican en ciertos campos de la fisicoquímica
y de la economía. Esta correspondencia se debe a que las entidades consideradas
pueden verse, en ciertos aspectos, como “sistemas”, o sea complejos de
elementos en interacción. Que ¡os campos mencionados, y otros mas, se ocupen de
“sistemas”, es cosa que acarrea correspondencia entre principios generales y
hasta entre leyes especiales, cuando se corresponden las condiciones en los
fenómenos considerados.
Conceptos, modelos y leves parecidos surgen tina y otra
vez en campos muy diversos, independientemente y fundándose en hechos del todo
distintos. En muchas ocasiones fueron descubiertos principios idénticos, porque
quienes trabajan en un territorio no se percataban de que la estructura teórica
requerida estaba ya muy adelantada en algún otro campo. La teoría general de
los sistemas contará mucho en el afán de evitar esa inútil repetición de
esfuerzos.
También aparecen isomorfismos de sistemas en problemas
recalcitrantes al análisis cuantitativo pero, con todo, de gran interés intrínseco.
Hay, p. ej., isomorfismos entre sistemas biológicos y “epiorganismos” (Gerard),
como las comunidades animales y las sociedades humanas. ¿Qué principios son
comunes a los varios niveles de organización y pueden, así, ser trasladados de
un nivel a otro y cuáles son específicos, de suerte que su traslado conduzca a
falacias peligrosas? ¿Pueden las sociedades y civilizaciones ser
consideradas como sistemas?.
Se diría, entonces, que una teoría general de los
sistemas seria un instrumento útil al dar, por una parte, modelos utilizables y
trasferibles entre diferentes campos y evitar, por otra, vagas analogías que a
menudo han perjudicado el progreso en dichos campos.
Hay, sin embargo, otro aspecto aun más importante de la
teoría general de los sistemas. Puede parafrasearse mediante una feliz
formulación debida al bien conocido matemático y fundador de la teoría de la
información. Warren Weaver. La física clásica, dijo éste, tuvo gran éxito al
desarrollar la teoría de la complejidad no organizada. Por ej.,el comportamiento
de un gas es el resultado de los movimientos desorganizados, e imposibles de
seguir aisladamente, de innumerables moléculas en conjunto, lo rigen las leyes
de la termodinámica. La teoría de la complejidad no organizada se arraiga a fin
de cuentas en las leyes del azar y la probabilidad y en la segunda ley de la
termodinámica.
En contraste, hoy el problema fundamental es el de la
complejidad organizada. Conceptos como los de organización, totalidad,
directividad, teleología y diferenciación, son ajenos a la física habitual. Sin
embargo, asoman a cada paso en las ciencias biológicas, del comportamiento y
sociales, y son de veras indispensables para vérselas con organismos vivientes
o grupos sociales. De esta manera, un problema fundamental planteado a la
ciencia moderna es el de una teoría general de la organización: La teoría general
de los sistemas es capaz en principio de dar definiciones exactas de semejantes
conceptos y, en casos apropiados, de someterlos a análisis cuantitativo.
Hemos indicado brevemente el sentido de la teoría general
de los sistemas, y ayudará a evitar malos entendidos señalar ahora lo que no
es. Se ha objetado que la teoría de los sistemas no quiere decir nada más que
el hecho trivial de que matemáticas de alguna clase son aplicables a diferentes
clases de problemas. Por ej., la ley del crecimiento exponencial es aplicable a
muy diferentes fenómenos, desde la desintegración radiactiva hasta la extinción
de poblaciones humanas con insuficiente reproducción. Así es, sin embargo,
porque la fórmula es una de las más sencillas ecuaciones diferenciales y por
ello se puede aplicar a cosas muy diferentes. O sea que si se presentan las
llamadas leyes isomorfas del crecimiento en muy diversos procesos, no es esto
más significativo que el hecho de que la aritmética elemental sea aplicable a
todos los objetos contables, que 2 y 2 sean 4, sin importar que se trate de manzanas,
átomos o galaxias.
La respuesta es la siguiente. No sólo en el ejemplo
citado como simple ilustración, sino en el desenvolvimiento de la teoría de los
sistemas, la cuestión no es [a aplicación de expresiones matemáticas bien
conocidas. Antes bien, son planteados problemas novedosos y que en parte
parecen lejos de estar resueltos. Según mencionamos, el método de la ciencia
clásica era de lo más apropiado para fenómenos que pueden descomponerse en
cadenas causales aisladas o que son consecuencia estadística de un número
“infinito” de procesos aleatorios, como pasa con la mecánica estadística, el segundo
principio de la termodinámica y todas las leyes que de él emanan. Sin embargo,
los modos clásicos de pensamiento fracasan en el caso de la interacción
Metas de la teoría general de los sistemas.
Tales consideraciones se resumen así.
En varias disciplinas de la ciencia moderna han ido
surgiendo concepciones y puntos de vista generales semejantes. En tanto que
antes la ciencia trataba de explicar los fenómenos observables reduciéndolos al
juego de unidades elementales investigables independientemente una de otra, en
la ciencia contemporánea aparecen actitudes que se ocupan de lo que un tanto
vagamente se llama “totalidad”, es decir, problemas de organización, fenómenos
no descomponibles en acontecimientos locales, interacciones dinámicas
manifiestas en la diferencia de conducta de partes aisladas o en una configuración
superior, etc.; en una palabra, “sistemas” de varios órdenes, no comprensibles
por investigación de sus respectivas partes aisladas. Concepciones y problemas
de tal naturaleza han aparecido en todas las ramas de la ciencia, sin importar que
el objeto de estudio sean cosas inanimadas, organismos vivientes o fenómenos sociales.
Esta correspondencia es más llamativa en vista de que cada ciencia siguió su curso
independiente, casi sin contacto con las demás y basándose todas en hechos diferentes
y filosofías contradictorias. Esto indica un cambio general en la actitud y las
concepciones científicas.
No sólo se parecen aspectos y puntos de vista generales
en diferentes ciencias; con frecuencia hallamos leyes formalmente idénticas o
isomorfas en diferentes campos. En muchos casos, leyes isomorfas valen para
determinadas clases o subclases de “sistemas”, sin importar la naturaleza de
las entidades envueltas. Parece que existen leyes generales de sistemas
aplicables a cualquier sistema de determinado tipo, sin importar las
propiedades particulares del sistema ni de los elementos participantes.
Estas consideraciones conducen a proponer una nueva
disciplina científica, que llamamos teoría general de los sistemas. Su tema es
la formulación de principios válidos para “sistemas” en general, sea cual fuere
la naturaleza de sus elementos componentes y las relaciones o “fuerzas”
reinantes entre ellos.
De esta suerte, la teoría general de los sistemas es una
ciencia general de la “totalidad”, concepto tenido hasta hace poco por vago,
nebuloso y semimetafísico.
EL MÁS ALLA DE LAS DISCIPLINAS: EDGAR MORIN
Estos ejemplos, rápidos,
fragmentarios, recortados, dispersos, quieren insistir sobre la sorprendente
variedad de las circunstancias que hacen progresar las ciencias rompiendo el aislamiento
por la circulación de los conceptos o de los esquemas cognitivos, sea por las
usurpaciones y las interferencias, sea por las complejizaciones de disciplinas
en campos poli competentes, sea por la emergencia de nuevos esquemas cognitivos
y de nuevas hipótesis explicativas, sea, en fin, por la constitución de
concepciones organizativas que permiten articular los dominios disciplinarios
en un sistema teórico común.
Hoy, hace falta tomar conciencia
de este aspecto que es el menos esclarecido en la historia oficial de las
ciencias y que es un poco como la cara oscura de la luna.
Las disciplinas están
plenamente justificadas intelectualmente a condición de que ellas guarden un
campo de vision que reconozca y conciba la existencia de las relaciones y
solidaridades. Más aun, ellas no están plenamente justificadas a menos que
ellas no oculten las realidades globales. Por ejemplo, la nocion de hombre se
encuentra fragmentada entre diferentes disciplinas biológicas y todas las
disciplinas de las ciencias humanas: el psiquismo esta estudiado de un costado,
el cerebro de otro, el organismo de un tercero, los genes, la cultura, etc. se
trata efectivamente de aspectos multiples de una realidad compleja, pero que no
toman sentido si no son religados a esta realidad en lugar de ignorarla. Uno no
puede, ciertamente, crear una ciencia unitaria del hombre, que en si disolvería
la multiplicidad compleja de lo que es humano. Lo importante es no olvidarse de
que el hombre existe y no es una ilusion naif de humanistas pre científicos. Se
llegaría si no a un absurdo (en realidad ya hemos llegado allí en ciertos
sectores de las ciencias humanas donde la inexistencia del hombre ha sido
decretada puesto que este bípedo no entra en las categorías disciplinarias).
Otra consciencia, aquella
a la cual Piaget llamaba el círculo de las ciencias que establece la
interdependencia de las ciencias, es igualmente necesaria. Las ciencias humanas
tratan del hombre, pero este es no solamente un ser psíquico y cultural, sino también
un ser biológico, y las ciencias humanas están de cierta manera enraizadas en
las ciencias biológicas, las cuales están enraizadas en las ciencias físicas,
ninguna de ellas, evidentemente, reductibles la una a la otra. Sin embargo, las
ciencias físicas no son el pedestal último y primitivo sobre el que se edifican
todas las otras; estas ciencias físicas, por fundamentales que sean, son también
ciencias humanas en el sentido que aparecen dentro de una historia humana y de
una sociedad humana. La elaboración del concepto de energía es inseparable de
la tecnificación e industrialización de las sociedades occidentales en el siglo
XIX. Por lo cual, en un sentido, todo es físico, pero al mismo tiempo, todo es
humano. El gran problema es, entonces, encontrar la difícil vía de la entre articulación
entre las ciencias que tienen cada una, no solo su propio lenguaje, sino
conceptos fundamentales que no pueden pasar de una lengua a la otra.
El problema del
paradigma:
En fin, se debe ser
consciente del "Problema del Paradigma". Un paradigma rige sobre los
espiritus porque instituye los conceptos soberanos y su relación lógica (disyunción,
conjunción, implicación, etc.) que gobiernan de un modo oculto las concepciones
y las teorías científicas se efectúan bajo su imperio. Por lo tanto, hoy
emerge, de un modo esparcido, un paradigma cognitivo que comienza a poder
establecer los puentes entre las ciencias y las disciplinas no comunicantes.
En efecto, el reino del
Paradigma del Orden por exclusión del desorden (que expresaba la concepción
determinista-mecanicista del Universo) se ha fisurado en muchos lugares. En
diferentes áreas, la nocion de orden y la nocion de desorden apremiadamente, a
pesar de las dificultades lógicas que ello plantea, a ser concebidas de forma
complementaria y no más solamente antagonista: la relación ha aparecido sobre
el plano teórico en Von Neuman (teoría de autómatas
auto-reproductores) y von
Forster; ellas se han impuesto en la
termodinámica de
Prigogine mostrando que los fenómenos de organización aparecen en condiciones
de turbulencia; ella se implanta bajo el nombre de caos en meteorología, y la
idea de caos organizador ha devenido físicamente central al partir de los
trabajos de David Ruelle. Así, de diferentes horizontes, llega la idea de que
orden, desorden y organización deben ser pensados juntos. La mision de la
ciencia no es más el perseguir el desorden de sus teorías, sino de tratarlas.
No se trata más de disolver la idea de organización, sino de concebirla e
introducirla para federar las disciplinas parcelarias. He aquí por que un nuevo
paradigma esta, puede estar, en tren de nacer...
La perestroika científica:
Volvamos sobre los términos de interdisciplinariedad, de multi o polidisciplinariedad
y de transdisciplinariedad que no han sido definidos porque son polisémicos y etéreos.
Por ejemplo, la interdisciplinariedad puede significar pura y simplemente que
diferentes disciplinas se sientan en una misma mesa, en una misma asamblea,
como las diferentes naciones se reúnen en la
ONU sin poder hacer otra
cosa que afirmar cada una sus propios derechos nacionales y sus propias soberanías
en relación a las usurpaciones del vecino.
Pero interdisciplinariedad
puede también querer decir intercambio y cooperación, lo que hace que la
interdisciplinariedad puede devenir en alguna cosa organica. La polidisciplinariedad
constituye una asociación de disciplinas en virtud de un proyecto o mientras
que las disciplinas son llamadas como técnicas especializadas para resolver tal
o cual problema, en otros momentos, por el contrario, están en profunda interacción
para tratar de concebir este objeto y este proyecto, como en el ejemplo de la hominización.
En lo que concierne a la transdisciplinariedad, se trata a menudo de esquemas
cognitivos que pueden atravesar las disciplinas, a veces con una virulencia tal
que las coloca en dificultades. De hecho, son complejas cuestiones de inter, de
poli, y de transdisciplinariedad que han operado y han jugado un rol fecundo en
la historia de las ciencias; se debe retener las nociones claras que están
implicadas en ellas, es decir, la cooperación, y mejor, articulación, objeto común
y mejor, proyecto común.
En fin, no es solo la
idea de inter y de transdisciplinariedad lo que es
Importante .Debemos
"ecologizar" las disciplinas, es decir, tomar en cuenta todo lo que
es contextual comprendiendo las condiciones culturales y sociales, es decir, ver
en qué medio ellas nacen, plantean el problema, se esclerosan, se metamorfosean.
Es necesario también lo meta disciplinario, el término "meta" significando
superar y conservar. No se puede quebrar aquello que ha sido creado por las
disciplinas; no se pude quebrar todo encierro, hay en ello el problema de la disciplina,
el problema de la ciencia como el problema de la vida: es necesario que una
disciplina sea a la vez abierta y cerrada.
En conclusión, para que servirían
todos los saberes parcelarios sino para ser confrontados para formar una configuración
respondiendo a nuestras demandas, a nuestras necesidades y a nuestros
interrogantes cognitivos.
Hace falta pensar también
que aquello que esta mas allá de la disciplina es necesario para la disciplina,
para que finalmente esterilizada, lo que nos reenvía a un imperativo cognitivo
formulado ya hace tres siglos por Blaise Pascal, justificando las disciplinas
mientras tenía un punto de vista meta disciplinario: "siendo todas las
cosas causadas y causantes, ayudadas y ayudantes, mediatas e inmediatas, y
todas entreteniéndose por un lazo natural e insensible que liga las más lejanas
y las más diferentes, yo considero imposible conocer las partes sin conocer el
todo, tanto como conocer el todo sin conocer particularmente las partes".
Pascal invitaba, de
cierto modo, a un conocimiento en movimiento, a un conocimiento en una nave que
progresa yendo de las partes al todo y del todo a las partes lo que es nuestra
ambición común.
CONCEPTOS
FUNDAMENTALES DE LA TEORÍA HOLÍSTICA
JAN
SMUTS
Para Smuts a pesar de los
grandes avances registrados en la ciencia, todavía algunos vacíos teóricos
permanecían: Los fenómenos que afectaban a la materia, a la vida y a la mente,
lograban que estos permanecieran como hechos dispares y separados. Sin embargo
tenían en común que todos ellos procedían de la experiencia. Sostiene que
conceptos reformados de todos ellos se hacían necesarios, y esa re
categorización puede venir vía de un conocimiento científico perfeccionado.
Toma a la teoría de la
evolución como un hecho: el surgimiento de estructuras de vida inorgánicas y su
tránsito hacia la vida orgánica no significo un cambio en nuestra concepción de
la materia. Considera necesario entonces un reajuste de nuestros conceptos. Para
él, la persistencia de los conceptos de “causalidad” y el “mecanicismo”, actúa
como una traba en una reformulación de estos para adecuarlos a las nuevas
realidades. El error de base es limitar y encapsular los conceptos en contornos
determinados, los cuales terminan limitando y borrando los campos contiguos y
sin fronteras que posee la realidad. El concepto de un campo específico de
conocimiento elimina o tapa las interconexiones del universo holístico. La
abstracción y la generalización son errores que no nos permiten ver a la
plástica y fluida realidad de la naturaleza.
La ciencia y el pensamiento tienden así a
simplificar sus problemas, mas este procedimiento se revela totalmente
inadecuado. Debemos por lo tanto resignificar nuestras ideas, conectando estos
conceptos o categorías para poder conceptualizar a la naturaleza como un gran
proceso único de índole fluida y sin
divisiones. La teoría de la evolución de Darwin fue como una revolución
copernicana, un nuevo punto de vista desde el cual vastos campos de conocimiento biológico ya existentes,
operarían nuevos alineamientos que servirían para ilustrar un nuevo gran
principio. De forma similar, la teoría de Einstein sobre la relatividad general
en el universo físico, es un nuevo punto de vista desde el cual, el universo
entero y todos sus mecanismos adquieren una nueva perspectiva y significación.
Afirma que nuestro objetivo
es estudiar e interpretar a la naturaleza, tratando de ser fieles o leales a la
experiencia que tenemos de ella. No se pretende recrear a la naturaleza a
nuestra imagen, y en la medida de lo posible es deseable eliminar los errores
de observación y construcción que se deben al hombre como observador. Nuestra
experiencia en mayormente fluida y plástica, con poco de rígida y mucho de
indefinida acerca de ella misma. Se debe resistir la tentación de vaciar esta
plasticidad en los moldes de nuestras estrechas y endurecidas pre concepciones.
Incluso, corriendo el riesgo de fallar en nuestras explicaciones sobre la
experiencia, debemos ser leales y modestos en el manejo de esa experiencia.
Los conceptos reformados de Espacio y de
Tiempo: no solo es en el campo de la evolución donde los viejos conceptos
estaban quebrándose. Afirmaba que los recientes avances en la ciencia física
habían extendido la revolución al dominio de lo inorgánico; la fixidad del
átomo siguió a la de las especies hacia el limbo de lo obsoleto. Eran
necesarios nuevos conceptos orientados hacia nuevas direcciones, que posean más
armonía con el fluido proceso de creación de la naturaleza.
La mutua interacción que se observa entre la materia, la vida y la
mente, llevan a preguntarse si detrás de todas ellas no se halla un principio
fundamental del cual derivaron progresivamente. Este era para él, el problema
central de este trabajo. Sostiene que dos concepciones de “génesis” o
desarrollo han prevalecido. La primera hace referencia a toda realidad como
dada en forma de substancia en un comienzo, y que toda su historia subsecuente
es solo la evolución de un contenido implícito preestablecido. Aquí nombra como
ejemplos a las concepciones de Leibniz y de Hegel.
La otra postura deposita un
mínimo de potencialidad solo al comienzo, y conceptúa a la evolución como un
proceso inherentemente creativo. Así de esta creatividad van emergiendo nuevas
formas novedosas de vidas. Esta última visión es la que domina en la teoría de
la evolución en la actualidad, ya que libera al presente y al futuro de las
ataduras del pasado, y muestra el carácter libre del universo. Las totalidades
no son meras construcciones artificiales del pensamiento; apuntan a algo real
en el universo, siendo el holismo un factor operativo de esa realidad. La idea
de un “todo” o de totalidades no debe ser confinada al dominio de la biología;
se aplica tanto al campo de lo inorgánico como a las más altas manifestaciones
del espíritu humano.
El holismo es un proceso creativo, y sus
estructuras finales tienen un carácter aun más holístico que las iniciales. Las
etapas en las cuales el holismo se expresa y crea nuevas totalidades en las
fases progresivas de la realidad, pueden enumerarse provisionalmente como:
a) La estructura material
definitiva o síntesis de partes en los organismos naturales, pero con ninguna
actividad interna observable, salvo las meras fuerzas físicas o químicas o
energías: por ejemplo un compuesto químico.
b) La estructura funcional
de los cuerpos vivos, donde las partes de esta síntesis específica se
convierten en activamente cooperativas y trabajan conjuntamente para el
funcionamiento del organismo: una planta.
c) Esta actividad
cooperativa específica se vuelve coordinada o regulada por algún tipo de
control central, el cual se encuentra todavía implícito de manera inconsciente:
un animal.
d) Este control central se
vuelve consciente y culmina en la personalidad, al tiempo que emerge en
compuestos holísticos o grupos en la sociedad.
e) En las asociaciones
humanas este control central se convierte en supraindividual: el estado y
organizaciones similares.
F) Finalmente emergen aquí
las “totalidades ideales” o “ideales holísticos” (valores absolutos), ya
liberados de la personalidad humana y operando como factores creativos en la
construcción de un mundo espiritual.
A través de estos estadios,
vemos a la naturaleza dependiente de un “todo”, como una estructura sintética
especifica de partes con actividades inherentes propias, que cooperan y
funcionan en armonía, ya sea de forma natural o instintiva, o de forma
consciente.
El concepto de holismo debe igualmente ser
usado para explicar la coordinación orgánica. Es imposible sin este concepto,
explicar satisfactoriamente todas las innumerables coordinaciones y
adaptaciones en las estructuras y las funciones que constituyen la acción de un
organismo vivo. Los animales o seres vivos actúan como una totalidad, con una
efectividad y unidad de acción que no es una composición meramente mecánica de
sus movimientos. El holismo, no solo como concepto, sino también como un factor
real, es necesario para dar cuenta de la unidad entre lo psíquico y lo físico.
La belleza (simetría) en la naturaleza es de carácter holístico, deriva de las
totalidades, y no puede explicarse por ningún otro motivo.
El holismo cuenta por lo tanto no solo como
explicación del origen de las formas y de los tipos de vida, sino también por sus
valores, los cuales superan y trasciendan lejos a los instintos de
supervivencia, los cuales son meramente necesarios únicamente para los
propósitos utilitarios de la naturaleza.
La mente como un órgano de totalidades:
La mente es después del
átomo y de la célula, la tercera gran estructura fundamental del holismo. No es
ella un “todo” real trascendente, sino una estructura holística, un órgano de
funcionamiento holístico, especialmente en lo que se refiere a la personalidad,
la cual emerge como un todo real. La psicología trata a la mente humana y a la
de los mamíferos superiores como un factor o un fenómeno en si misma, y la
analiza a través de sus varios modos de actividad, como ser la consciencia, la
atención, los sentimientos, las emociones, etc. Aquí, sin embargo, Smuts trata
a la mente desde un ángulo diferente: como una estructura holística. Tiene ella
una naturaleza más vasta y realiza funciones más fundamentales en el orden del
universo que las descritas por la psicología.
No hay comentarios:
Publicar un comentario